YAMPARÁEZ, CHUQUISACA, 26 dic (El Libre Observador) — Lo que debía ser una noche de celebración navideña se tornó en tragedia y conmoción en la comunidad de Quiriguani, municipio de Yamparáez, donde una joven madre de 19 años acabó con la vida de su bebé de apenas un mes.
Según el informe de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (FELCC), la mujer introdujo al bebé en una olla de agua hirviendo, un acto que dejó perpleja a la nación.
El incidente ocurrió la Nochebuena mientras la madre, Rosario A., se encontraba sola en casa con sus dos hijos: el bebé fallecido y una niña de tres años, quien presenció el desgarrador hecho. El director nacional de la FELCC, Walter Sosa, confirmó que la mujer fue aprehendida y enfrenta cargos por infanticidio, un delito que tiene una pena máxima de 30 años de prisión en Bolivia.
CIRCUNSTANCIAS BAJO INVESTIGACIÓN
Según las primeras declaraciones, la acusada sufre de ataques epilépticos, y las autoridades investigan si un episodio de esta naturaleza o el efecto de medicamentos pudo influir en su comportamiento. La Fiscalía señaló que la única testigo, la niña de tres años, relató cómo su madre colocó al bebé en la olla que contenía agua hirviendo.

El fiscal Mauricio Nava detalló que, tras el incidente, el padre de los niños llegó al hogar y encontró al pequeño con quemaduras graves. Aunque fue trasladado de inmediato a un centro médico, el bebé falleció a la 1:00 de la madrugada del 25 de diciembre debido a las lesiones que cubrían el 60% de su cuerpo.
El caso de Yamparáez se suma a una creciente lista de crímenes que han estremecido al país. Según datos del Ministerio Público, hasta el 16 de diciembre de este año, Bolivia registró 33 casos de infanticidio y 81 de feminicidio. Estas cifras exponen una alarmante realidad que exige atención urgente por parte de las autoridades y la sociedad.
El fiscal General, Róger Mariaca Montenegro, subrayó recientemente la necesidad de fortalecer las políticas públicas para prevenir estos actos atroces, especialmente en comunidades rurales donde las condiciones socioeconómicas y el acceso a servicios de salud mental son precarios.
La comunidad de Quiriguani permanece conmocionada. El caso no solo pone de manifiesto la vulnerabilidad de ciertos sectores de la población, sino también la urgente necesidad de atender la salud mental y las enfermedades crónicas en el ámbito familiar.
Mientras las investigaciones continúan para esclarecer si un ataque epiléptico o un episodio de desequilibrio emocional influyeron en el acto, el caso de Rosario A. abre un sombrío debate sobre las carencias estructurales que permiten que tragedias de esta magnitud ocurran en un país marcado por profundas desigualdades.

