Por Aniceto Marca T.
LA PAZ — Desde hace 16 días, Bolivia ha sido testigo de un conflicto que ha paralizado el país y afectado a millones de ciudadanos: el bloqueo de caminos promovidos por intereses políticos personales del expresidente Evo Morales (2006-2019), quien no se resigna a acatar el fallo que le niega una nueva postulación a elecciones presidenciales.
El expresidente, quien alguna vez fue un líder influyente en la política boliviana, hoy se encuentra en una posición de debilidad y desesperación, enfrentando el desgaste político y el rechazo generalizado de la sociedad al bloqueo de caminos que profundiza la crisis económica en el país.
El bloqueo de caminos, promovido en gran medida por sectores afines a Morales, ha generado pérdidas millonarias en diversos sectores económicos del país.
Empresarios, exportadores, transportistas, productores y ciudadanos comunes se han visto afectados por esta medida extrema, que ha obstaculizado la movilidad y el desarrollo económico.
La población, que buscaba trasladarse de una región a otra en busca de oportunidades o para cumplir con sus actividades cotidianas, se ha visto atrapada en medio de esta crisis creada por intereses políticos mezquinos.

El apoyo político a Evo Morales se ha reducido considerablemente, limitándose en gran medida a la región del Chapare, región clave que une al oriente y occidente del país. Este hecho revela la pérdida de influencia y respaldo del expresidente, cuya popularidad ha ido en declive desde su polémica intentona de reelección indefinida.
La movilización, que en apariencia pretendía defender los intereses del pueblo boliviano por una nueva justicia, ha sido desenmascarada como una estrategia de venganza contra los magistrados del Tribunal Constitucional que postergó su ambición personal de volver a ser candidato.
Es hora de que Morales y sus seguidores reflexionen sobre las consecuencias de sus acciones. La búsqueda desesperada por el poder no puede justificar el caos y la desestabilización del país. Es momento de poner los intereses del pueblo por encima de las ambiciones personales y partidistas.
Bolivia necesita líderes que trabajen por el bien común y la estabilidad democrática, no por mantenerse aferrados al poder a toda costa, al extremo de llevar a todo un país a una crisis política, económica y social como sucedió en noviembre de 2019 con el pueblo como víctima.
La solución no radica en bloquear caminos y generar caos, sino en promover el diálogo, el consenso y el respeto por las instituciones democráticas, tal cual sucedió para aprobar una ley que da paso a las elecciones judiciales este año.
Es hora de dejar atrás la confrontación y trabajar juntos por un futuro próspero y pacífico para todos los bolivianos. El otrora líder de masas, ha sido el gran perdedor de este conflicto, pero aún hay tiempo para que Bolivia salga fortalecida de esta crisis, con un liderazgo que ponga los intereses del país por encima de cualquier ambición personal.


