Por Oscar Jaime Pérez M.
LA PAZ — En un escenario político turbulento, donde la veracidad y la ética deberían ser pilares fundamentales, emerge la figura controvertida de Freddy Bobaryn López, un nefasto exviceministro de Coordinación y Gestión Gubernamental echado de la Casa Grande del Pueblo por sus limitaciones en la gestión pública.
Bajo la apariencia de analista político ha utilizado su plataforma para difundir falsedades y tergiversaciones sobre el gobierno del presidente Luis Arce, empleando un lenguaje cargado de rencor. Su último artículo, cargado de resentimiento hacia el presidente Luis Arce, no solo destila medias verdades y afirmaciones engañosas, sino que plantea una cuestión crucial: ¿es Bobaryn un crítico genuino o un plagiador con una agenda oculta?

En «Co-gobernando con Fobos», Bobaryn intenta retratar a Arce como un líder dominado por el miedo y la inseguridad, comparándolo con Fobos, la personificación del terror en la mitología griega. Según Bobaryn, Arce es un rey prisionero de sus miedos, rodeado de aduladores que alimentan su paranoia, creando enemigos imaginarios para justificar una teoría económica fallida. Esta narrativa no es solo un ataque personal, sino una estrategia bien orquestada para erosionar la confianza pública en el presidente.
Sin embargo, la credibilidad del exviceministro se desploma cuando se examinan sus antecedentes. Su artículo «Política del Silente» resultó ser una copia casi exacta de «El valor político del silencio» de Antoni Gutiérrez-Rubí, publicado en Infobae en 2018. Las similitudes entre ambos textos son innegables, desde las citas de Confucio y Shakespeare hasta la estructura argumentativa basada en cuatro características principales: resistencia, fortaleza, conexión y capacidad de generar expectación.
El escándalo del plagio, confirmado por medios como El País de Tarija y el programa «No Mentirás», donde la diputada del Movimiento Al Socialismo (MAS), Deysi Choque, acusó a Bobaryn de copiar descaradamente, coloca en entredicho cualquier intento de posicionarse como un crítico serio del gobierno de Arce. El periódico El País, tras descubrir la copia, no solo eliminó el artículo de Bobaryn, sino que ofreció disculpas a sus lectores por el error.

Este incidente no solo desacredita a Bobaryn, sino que también pone de relieve una táctica alarmante: utilizar el plagio y las medias verdades como herramientas políticas. En un momento donde la política debería centrarse en soluciones reales y transparentes, recurrir a la falsedad y al robo intelectual solo profundiza la desconfianza y la polarización en la sociedad.
En conclusión, la figura de Freddy Bobaryn López, lejos de ser la de un analista político serio y comprometido, se revela como la de un oportunista que recurre al plagio y a la manipulación para avanzar una agenda personal y mezquina.
Su intento de desacreditar a Luis Arce a través de rumores, falsedades, medias verdades y estrategias deshonestas no solo fracasa en su objetivo, sino que socava aún más la integridad del debate político en Bolivia. La política requiere de voces críticas, sí, pero estas deben fundamentarse en la verdad y la ética, no en el resentimiento y la deshonestidad.

