LA PAZ, 15 ene (El Libre Observador) — Bolivia ha decidido reorganizar su calendario de feriados y transformar varios de ellos en fines de semana largos con una apuesta clara: reactivar el turismo interno y dinamizar las economías regionales en un país donde viajar dentro de las fronteras sigue siendo, para muchos, la forma más accesible de ocio y descanso.
La medida fue oficializada mediante el Decreto Supremo 5521, que redefine los descansos nacionales y establece que en 2026 el país contará con nueve fines de semana largos, a los que se sumarán los feriados departamentales propios de cada región. El Gobierno sostiene que el nuevo esquema permitirá a las familias planificar viajes con mayor previsibilidad y estimulará el consumo en sectores como la hotelería, el transporte y los servicios.
Uno de los cambios más visibles es el traslado del feriado del 22 de enero, Día de la Creación del Estado Plurinacional de Bolivia, al viernes 23, lo que convierte la conmemoración en un descanso prolongado. El jueves se mantiene como jornada laboral, mientras que el viernes se suspenden las actividades tanto en el sector público como en el privado.
El mismo criterio se aplica al Año Nuevo Andino Amazónico Chaqueño, que en 2026 cae en domingo y se trasladará al lunes 22 de junio. El objetivo, según la norma, es evitar feriados “aislados” y consolidar fines de semana que incentiven los desplazamientos turísticos.

El decreto también introduce feriados nacionales adicionales para extender dos fechas emblemáticas del calendario boliviano. Corpus Christi, que se celebra el jueves 4 de junio, sumará el viernes 5 como día no laborable, y el Día de la Independencia, el 6 de agosto, se ampliará con el viernes 7. Ambas decisiones buscan generar pausas más largas en el año laboral.
El Gobierno justifica estas modificaciones en la necesidad de promover el turismo interno como “actividad económica estratégica”, en un contexto de desaceleración y restricciones externas. La apuesta es que los bolivianos viajen más dentro del país, redistribuyan ingresos hacia destinos tradicionales y emergentes y refuercen la integración territorial.

El nuevo calendario mantiene sin cambios otros feriados consolidados, como Carnaval, el Viernes Santo, el Día del Trabajo, Todos los Difuntos y Navidad, pero que igualmente caen en fines de semana largos. A estos se añaden los feriados departamentales, que siguen vigentes y tienen un peso significativo en la vida cívica y cultural de cada región.
Como complemento simbólico, el decreto declara el 27 de septiembre como Día Nacional de la Integración Boliviana, una efeméride que no implica suspensión de actividades laborales, pero que busca reforzar la identidad común en un país marcado por su diversidad geográfica y cultural.
Con esta reorganización del calendario, el Ejecutivo intenta convertir el tiempo libre en una herramienta de política económica. Más allá del descanso, la estrategia apunta a que cada fin de semana largo se traduzca en movimiento, consumo y una reactivación gradual del turismo interno, uno de los sectores con mayor potencial para dinamizar la economía boliviana.


