LA PAZ, 4 mar (El Libre Observador) — En un giro inesperado para una economía golpeada por el encarecimiento sostenido del costo de vida, Bolivia registró en febrero una caída mensual de -0,62% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), rompiendo una racha de aumentos que había marcado el pulso económico del último año.
El dato, difundido este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE), supone un contraste marcado con el 1,31% de inflación registrado en enero y con el cierre de 2025, cuando el país acumuló una variación anual de 20,40%, una de las más altas en décadas. La cifra de febrero no solo introduce un alivio puntual para los hogares, sino que también plantea interrogantes sobre la solidez del actual proceso de ajuste económico.
El descenso estuvo impulsado principalmente por la baja en el precio de la carne de pollo, que cayó 5,9%, junto con reducciones en productos básicos como tomate, cebolla y papa, además del transporte interdepartamental. En un país donde los alimentos pesan de forma determinante en la canasta familiar, estas variaciones tienen un impacto inmediato en el bolsillo de millones de ciudadanos.

Sin embargo, no todos los rubros siguieron la misma tendencia. Subieron los precios de los quesos, el pan corriente, la educación universitaria, los servicios de trabajadora del hogar y artículos de papelería, lo que refleja que las presiones estructurales siguen presentes. A nivel regional, el conurbano de La Paz registró la mayor caída (-0,96%), seguido de Santa Cruz (-0,62%), mientras que Trinidad reportó una inflación positiva de 0,87%.
La baja mensual se produce en un contexto delicado. La inflación acumulada en los últimos 12 meses alcanza el 19,64%, consolidando un ciclo de encarecimiento que comenzó a acelerarse en 2024 y se profundizó en 2025. En enero, el alza estuvo marcada por el incremento de la gasolina y del transporte urbano, cuyas tarifas subieron más de 30%, generando un efecto dominó sobre bienes y servicios.
Durante casi dos décadas, Bolivia mantuvo una estabilidad de precios relativamente envidiable en la región, con tasas anuales generalmente por debajo del 3%. El repunte reciente ha alterado esa narrativa, reabriendo debates sobre la sostenibilidad fiscal, la política de subsidios y la vulnerabilidad frente a shocks externos.
El Gobierno del presidente Rodrigo Paz confía en que la inflación de 2026 se reduzca a un solo dígito y descarta que supere el 20%. Pero más allá del optimismo oficial, economistas advierten que una sola cifra negativa no basta para declarar un cambio de tendencia.
La caída de febrero ofrece un respiro, sí, pero en una economía aún expuesta a presiones estructurales y a la volatilidad internacional, la pregunta no es si los precios bajaron este mes, sino si podrán mantenerse bajo control en los próximos.

