LA PAZ, 23 mar (El Libre Observador) — Bolivia amaneció este lunes con un mapa político irreconocible. Las elecciones subnacionales celebradas el domingo no solo renovaron autoridades en los nueve departamentos y 335 municipios del país, sino que confirmaron el fin de un ciclo de hegemonías políticas y la apertura de una etapa marcada por la fragmentación, la negociación permanente y una gobernabilidad incierta.
Con una cifra récord de 34.618 candidatos en carrera para más de 5.400 cargos, el proceso electoral reconfiguró el poder territorial en un mosaico de fuerzas dispersas, donde ninguna organización política logró consolidarse como dominante a escala nacional.
El resultado, lejos de clarificar el panorama, lo complejiza pues hasta el momento con datos preliminares, siete de las nueve gobernaciones deberán definirse en segunda vuelta, un escenario inédito en su magnitud. En Cochabamba aún se debe esperar hasta el conteo de último voto oficial para ver si el candidato del evismo, Bernardo Loza, va a segunda vuelta, pues al 97% del conteo llegó a 39,77%.
El Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirmó que el balotaje se activará en aquellos casos en los que ningún candidato supere el 50% de los votos válidos o al menos el 40% con una ventaja de 10 puntos sobre el segundo. Bajo esa regla, y con más del 90% de actas procesadas, solo Pando y Potosí evitaron la segunda ronda. El resto del país deberá volver a las urnas el 19 de abril, prolongando la incertidumbre política.

“El proceso se ha desarrollado en paz y con normalidad (…) Bolivia ha demostrado que su amor por la democracia sigue vigente”, afirmó el presidente del TSE, Gustavo Ávila, al presentar los resultados preliminares, que recalcó no son vinculantes. El cómputo oficial, que podría extenderse hasta siete días, será determinante para consolidar los datos y habilitar formalmente las nuevas convocatorias.
Más allá de la logística, que movilizó a más de 7,4 millones de votantes, 200.000 jurados electorales y un operativo de seguridad con 32.000 efectivos, la jornada dejó una señal política contundente como es el agotamiento del modelo de concentración de poder que durante dos décadas caracterizó al país, especialmente bajo el dominio del Movimiento Al Socialismo (MAS).
La dispersión del voto no solo debilitó a las fuerzas tradicionales, sino que impulsó la emergencia de liderazgos regionales con fuerte anclaje local. En Santa Cruz, el departamento más dinámico del país, la Gobernación se definirá entre Juan Pablo Velasco y Otto Ritter, relegando a actores tradicionales como el actual gobernador Luis Fernando Camacho.
En La Paz, la contienda permanece abierta con una fragmentación aún más marcada pues el primer lugar apenas supera el 20%, mientras cuatro candidatos disputan el segundo puesto con cifras cercanas al 9% y que deben esperar el conteo oficial final para ver quién va al balotaje.
En Cochabamba, el candidato afín al expresidente Evo Morales, Leonardo Loza, alcanza el 39,77%, al borde de evitar el balotaje, aunque sin romper del todo la lógica de dispersión.
El propio Morales interpretó los resultados como un mensaje político. “Para mí es como un voto castigo, como un revocatorio. Cuando un candidato del Gobierno no pasa del 50%, el pueblo está castigando”, afirmó, al subrayar que ningún postulante oficialista superó el 40% y que en varios casos ni siquiera alcanzaron el tercer ni cuarto lugar.

La alianza oficialista Patria, integrada por figuras como Rodrigo Paz, Samuel Doria Medina, Jaime Paz Zamora y otros líderes regionales, tampoco logró capitalizar el descontento, no ganó en ninguna gobernación y deberá disputar cinco segundas vueltas, mientras que en cuatro departamentos quedó relegada fuera de los primeros puestos.
Para los analistas, el resultado dibuja un país en transición. “Es un folklore político diverso, con liderazgos locales, múltiples fuerzas y una alta dispersión del voto”, explicó el analista Paúl Coca, quien advirtió que los futuros gobernadores enfrentarán legislativos departamentales fragmentados, lo que anticipa gestiones marcadas por la negociación constante y la fragilidad institucional.
La situación no es distinta en los municipios. Aunque no existe segunda vuelta en estas elecciones, los resultados muestran victorias ajustadas y concejos municipales sin mayorías claras. Solo en Santa Cruz con Carlos Manuel “Mamen” Saavedra y Cochabamba con Manfred Reyes Villa los candidatos a alcaldes superaron el 50% con control del órgano deliberativo, un dato excepcional en un escenario generalizado de dispersión.
En este contexto, el debate sobre una reforma estructural del Estado vuelve a cobrar fuerza. El presidente Paz planteó la necesidad de avanzar hacia un modelo de distribución equitativa de recursos, la llamada reforma del 50-50, y redefinir competencias en áreas clave como salud y educación. El TSE, por su parte, anticipó que esta será la última elección bajo la actual Ley 026 de Régimen Electoral, abriendo la puerta a cambios normativos que acompañen el nuevo escenario político.
Con este panorama, Bolivia no solo votó para elegir autoridades subnacionales. También votó para definir el nuevo equilibrio del poder territorial. En ese contexto, el analista Coca dijo que en la ausencia de fuerzas políticas nacionales convergen incertidumbre, fragmentación y la necesidad urgente de acuerdos, que se dan principalmente por espacios de poder y prebendas.
El país entra así en una fase donde gobernar será, más que nunca, un ejercicio de acuerdos. Una democracia viva pactada, pero tensionada por su propia diversidad.


