LA PAZ, 26 mar (El Libre Observador) — La elección por la Gobernación del departamento de La Paz desembocó en una segunda vuelta marcada por un dato inusual: la suma de votos nulos y blancos superó a los porcentajes obtenidos por los dos candidatos más votados, reflejando un escenario de fragmentación y descontento electoral.
El conteo oficial confirmó que Luis Revilla, del frente Patria Sol, encabezó la votación con el 20,02%, seguido por René Yahuasi, de Nueva Generación Patriótica (NGP), con el 9,18%. Pese a la diferencia superior a los diez puntos, el resultado no fue suficiente para evitar el balotaje, ya que ninguno alcanzó los umbrales establecidos por la legislación electoral boliviana.
La normativa vigente exige más del 50% de los votos válidos o al menos el 40% con una ventaja de diez puntos sobre el segundo. Ninguna de estas condiciones se cumplió, lo que obliga a ambos aspirantes a medirse nuevamente en las urnas el próximo 19 de abril, en una contienda que se anticipa abierta e incierta.
Sin embargo, el dato más revelador emerge del comportamiento del electorado. El voto blanco alcanzó el 11,28% y el nulo el 12,21%, sumando un 23,48% que supera el respaldo individual de cualquiera de los candidatos en carrera. En términos políticos, el resultado expone una señal de desapego o protesta ciudadana frente a la oferta electoral disponible.

El proceso en La Paz se inscribe en un patrón más amplio de dispersión del voto observado en las elecciones subnacionales del 22 de marzo, donde varias gobernaciones quedaron sin definición en primera vuelta. La multiplicidad de candidaturas y la ausencia de liderazgos dominantes configuraron un mapa electoral atomizado, que traslada la definición al balotaje.
En paralelo, el recuento confirmó la victoria de César Dockweiler en la Alcaldía de la ciudad de La Paz, con el 23,72% de los votos, consolidando una tendencia de triunfos con porcentajes relativamente bajos en medio de la dispersión del electorado.
Con el cierre del cómputo oficial en La Paz y en otros departamentos como Potosí, Oruro, Tarija, Chuquisaca, Pando y Beni, el calendario electoral boliviano entra en su fase decisiva. La segunda vuelta no solo definirá autoridades, sino que pondrá a prueba la capacidad de los candidatos para captar a un electorado que, en su primera expresión, optó mayoritariamente por la desconfianza o la abstención simbólica.

