LA PAZ, 7 oct (El Libre Observador) — Bolivia vuelve a sentir en sus estaciones de servicio los efectos de la falta de divisas. La empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) reconoció este martes que no puede garantizar plenamente el suministro de gasolina y diésel en el país debido a la insuficiencia de dólares para financiar las importaciones. El Gobierno habla de un “bache temporal”, pero el episodio vuelve a poner en evidencia la fragilidad del modelo energético subvencionado que ha sostenido durante casi dos décadas.
“Como YPFB no podemos garantizar el abastecimiento de combustible, ya que yo necesito que el Ministerio de Economía me garantice los recursos”, dijo con franqueza el presidente de la petrolera, Armin Dorgathen, en una rueda de prensa inusualmente directa. “Pasa lo mismo que en un hogar: si no reciben su sueldo, no pueden garantizar alimentos. Si no recibimos recursos, no podemos asegurar carburantes”, graficó.
El déficit se ha traducido en una reducción inmediata de la oferta: YPFB solo podrá cubrir entre un 70% y 80% de la demanda nacional esta semana. El país requiere aproximadamente 55 millones de dólares semanales para importar combustibles, pero en los últimos días la estatal apenas recibió entre 40 y 45 millones, según cifras oficiales.
La raíz del problema no está en los tanques ni en los ductos, sino en el flujo de divisas. Dorgathen responsabilizó directamente a la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), dominada por sectores enfrentados del oficialismo y la oposición, por bloquear créditos externos que hubieran permitido la entrada de dólares frescos al país.

“La Asamblea nunca hizo su trabajo, no permitió que ingresen las divisas y el Ministerio de Economía ahora tiene que hacer diferentes gestiones para garantizarlas”, reprochó.
Bolivia subvenciona los combustibles desde mediados de los 2000, cuando la bonanza gasífera le permitió financiar importaciones crecientes para sostener precios bajos en el mercado interno.
Durante años, esa política fue uno de los pilares sociales del “modelo económico social comunitario” impulsado por Evo Morales: la gasolina y el diésel se vendían a precios congelados, muy por debajo de los internacionales, y el Estado asumía la diferencia.
Pero la ecuación comenzó a tensarse cuando las exportaciones de gas cayeron drásticamente, reduciendo las reservas internacionales y obligando al Gobierno a buscar créditos externos para mantener la subvención. La prolongada disputa política en el Parlamento, sumada a las presiones cambiarias, ha complicado la disponibilidad de dólares para las compras externas.
Mientras se negocia una solución, YPFB pidió a la población evitar aglomeraciones en los surtidores si los tanques aún no están vacíos. La empresa espera que el Ministerio de Economía pueda garantizar los recursos en los próximos días y restablecer el abastecimiento al 100% entre el viernes y el sábado.
El episodio no es nuevo. En los últimos meses, YPFB ha admitido “baches” similares, que logró sortear gracias a operaciones financieras de emergencia. Sin embargo, cada vez resulta más difícil esconder las grietas de un sistema de subsidios que absorbe miles de millones de dólares anuales.
La crisis actual no ha derivado, por ahora, en largas filas ni racionamientos severos, pero pone de relieve la vulnerabilidad estructural del país frente a la escasez de divisas. En un año preelectoral y con la economía bajo presión, la gasolina vuelve a ser un termómetro político sensible en Bolivia.


