LA PAZ, 26 jun (El Libre Observador) — Durante casi tres décadas, Bolivia miró al Mercosur desde la periferia. Mantuvo acuerdos comerciales, amplió gradualmente sus vínculos económicos y aspiró durante años a convertirse en miembro pleno del mayor bloque de integración de Sudamérica. Ese objetivo finalmente se concretó en 2024. Sin embargo, para buena parte del sector empresarial boliviano, la adhesión solo tendrá sentido si consigue traducirse en un acceso real a los mercados y no queda reducida a un avance diplomático.
Con ese mensaje, el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) pidió este viernes al presidente Rodrigo Paz llegar a la próxima Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur con una agenda centrada en la apertura comercial. El organismo sostiene que el nuevo estatus de Bolivia dentro del bloque ofrece una oportunidad inédita para corregir un intercambio históricamente desigual que ha favorecido ampliamente a sus socios regionales.
La reunión presidencial, que se celebrará la próxima semana en Luque, Paraguay, será la primera gran cita regional del nuevo mandatario boliviano y una ocasión para mostrar cómo pretende utilizar uno de los principales activos de su política exterior: la incorporación del país al Mercosur en un momento en que la economía necesita con urgencia atraer inversiones, recuperar divisas y ampliar mercados para sus exportaciones.
«Es el momento para que nuestro presidente promueva un comercio más equilibrado, facilite la compra de productos bolivianos y reduzca las barreras que enfrentan nuestros exportadores», afirmó la subgerente general del IBCE, María Esther Peña.
La advertencia llega respaldada por cifras que ilustran la magnitud del desafío. Desde la entrada en vigor del Acuerdo de Complementación Económica Nº 36, firmado en 1997, Bolivia ha acumulado un déficit comercial superior a 48.000 millones de dólares con los países del Mercosur, según datos del instituto.
La asimetría no solo se refleja en el saldo de la balanza comercial. Mientras Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay colocan en Bolivia más de 3.600 productos, la oferta boliviana apenas supera los 400 productos en esos mercados, una diferencia que, para el sector exportador, responde tanto a limitaciones estructurales de la economía como a la persistencia de barreras paraarancelarias que restringen el acceso efectivo de los bienes bolivianos.

La demanda empresarial coincide con una nueva etapa de la relación entre Bolivia y el bloque regional. Después de años de negociaciones, el país aprobó y promulgó en julio de 2024 la Ley N.º 1549, mediante la cual ratificó el Protocolo de Adhesión al Mercosur. Posteriormente entregó el instrumento de ratificación, con lo que formalizó su incorporación como Estado miembro.
Pero la membresía aún no está plenamente consolidada. Bolivia atraviesa ahora un período de transición de hasta cuatro años para incorporar gradualmente el acervo normativo del Mercosur, el conjunto de normas jurídicas, reglamentos y decisiones que rigen el funcionamiento del bloque. Solo cuando concluya ese proceso podrá ejercer plenamente los derechos políticos de un Estado miembro, incluido el voto en los órganos decisorios.
Ese calendario convierte los próximos años en una etapa decisiva. Mientras adapta su legislación, Bolivia también intenta redefinir el papel que quiere desempeñar dentro de un mercado que reúne a más de 270 millones de habitantes y concentra buena parte del comercio sudamericano.
Para el IBCE, esa transición no debería limitarse al plano institucional. La organización considera que el Gobierno debe utilizar las negociaciones internas del bloque para impulsar una agenda orientada a eliminar obstáculos técnicos, sanitarios y administrativos que encarecen o dificultan las exportaciones bolivianas.
El reclamo llega en un momento especialmente delicado para la economía nacional. La escasez de dólares, la disminución de las reservas internacionales, las dificultades para importar combustibles y los elevados costos logísticos han convertido al comercio exterior en una de las principales fuentes potenciales de recuperación económica. En ese contexto, ampliar las exportaciones aparece como una necesidad más que como una opción.

La próxima cumbre del Mercosur reunirá, además de los presidentes de los países miembros y asociados, a representantes de Alemania, Emiratos Árabes Unidos y Uzbekistán, en un encuentro donde el bloque buscará reforzar su agenda de apertura económica y diversificación de mercados.
Para Bolivia, la cita tendrá un significado adicional. Será una prueba de hasta qué punto su reciente incorporación puede convertirse en una plataforma para atraer inversiones y generar nuevas oportunidades comerciales o si, por el contrario, continuará reproduciendo un intercambio en el que compra mucho más de lo que vende.
Esa es, en definitiva, la principal inquietud del sector exportador. Porque, más allá del valor político de haber alcanzado la membresía plena, el éxito de la integración boliviana al Mercosur terminará midiéndose por un indicador mucho más tangible: la capacidad del país para transformar un mercado históricamente deficitario en una fuente de crecimiento, empleo y divisas en una economía que atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas.

