LA PAZ, 29 jun (El Libre Observador) — Los principales gremios empresariales de Bolivia recibieron este lunes con cautela la entrada en vigor del nuevo régimen de tipo de cambio flexible, al considerar que la medida refleja una realidad que el mercado ya había anticipado desde hace meses. Sin embargo, advirtieron que el mayor desafío para el Gobierno será contener la especulación, estabilizar el mercado paralelo del dólar y evitar una nueva escalada de precios que profundice la pérdida del poder adquisitivo.
La flexibilización cambiaria, que puso fin a más de catorce años de una cotización oficial fija del dólar, fue calificada por representantes de exportadores, constructores y microempresarios como un «sinceramiento» de la economía, aunque coincidieron en que el éxito del nuevo esquema dependerá de la capacidad del Estado para garantizar el suministro de divisas y recuperar la confianza de los agentes económicos.
El nuevo sistema comenzó a regir este lunes con un tipo de cambio oficial determinado diariamente por el Banco Central de Bolivia (BCB), una decisión adoptada tras semanas de presión sobre el mercado cambiario y después de más de cincuenta días de bloqueos que afectaron la actividad económica del país.
La visión más crítica provino de la Confederación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype), cuyo sector expresó preocupación por el impacto de la medida sobre los costos de producción y el consumo interno.
Su presidenta, Helen Rivero, afirmó que la flexibilización representa una devaluación de la moneda nacional que reducirá el poder adquisitivo de las familias y dificultará la planificación financiera de miles de pequeños productores, cuyos contratos podrían quedar rápidamente desactualizados ante variaciones diarias del dólar.
El gerente de la Cámara de Exportadores (CAMEX), Mario Rojas, afirmó que la medida reconoce una dinámica que ya predominaba en la economía boliviana, donde empresas y operadores utilizaban el dólar referencial muy superior al antiguo tipo de cambio oficial debido a la escasez de dólares.

«Lo tomamos como un sinceramiento de la economía», afirmó Rojas, quien sostuvo que la nueva cotización permitirá reducir la incertidumbre cambiaria, aunque insistió en que deberá complementarse con incentivos a las exportaciones, mayor seguridad jurídica y garantías para evitar nuevas interrupciones del comercio por conflictos sociales.
Desde el sector de la construcción, el presidente de la Cámara Boliviana de la Construcción, Raúl Solares, advirtió que algunos insumos importados ya comenzaron a registrar aumentos, especialmente el acero y materiales de acabado, aunque estimó que gran parte de esos incrementos responde a movimientos especulativos más que al efecto inmediato del nuevo tipo de cambio.
Solares consideró que el Gobierno deberá intervenir para evitar que el mercado paralelo vuelva a presionar al alza la cotización del dólar y sostuvo que ello exigirá fortalecer las reservas internacionales y asegurar una oferta suficiente de divisas a fin de evitar especulaciones que generen inflación.
«Si hay mucha demanda, el Estado debe tener capacidad para inyectar dólares al sistema y evitar que el mercado paralelo se dispare», señaló.
El presidente de la Cámara Nacional de Exportadores de Bolivia (Caneb), Oswaldo Barriga, coincidió en que un eventual incremento de precios carecería de justificación económica inmediata, ya que la mayoría de las importaciones y operaciones comerciales se realizaban desde hace meses con un dólar cercano al que ahora oficializó el Banco Central.
«Si algunas empresas incrementan precios atribuyéndolos exclusivamente al nuevo tipo de cambio, sería un comportamiento especulativo y eso debe tener un control estricto por parte del Gobierno», sostuvo.
Las distintas posiciones reflejan el complejo escenario que enfrenta Bolivia tras abandonar el régimen de tipo de cambio fijo vigente desde 2011.
Mientras los sectores exportadores consideran que la medida corrige una distorsión que ya existía en el mercado, otros actores advierten que el verdadero desafío será evitar que la incertidumbre cambiaria alimente una espiral especulativa y acelere la inflación en una economía que continúa lidiando con la escasez de divisas y la recuperación de la confianza.

