LA PAZ, 4 ago (El Libre Observador) — Hay decisiones administrativas que parecen caber en un decreto, pero que para un sector entero adquieren la dimensión de un portazo. La desaparición del Ministerio de Turismo en Bolivia es una de ellas. Para el Gobierno de Rodrigo Paz, se trata de reducir burocracia, adelgazar el aparato estatal y hacer más eficiente la administración. Para los empresarios turísticos, es el regreso de un fantasma conocido: volver a ser un sector con potencial, pero sin suficiente peso político para convertirlo en realidad.
“Una pena, un día negro para el turismo”, resumió Luis Ampuero, presidente de la Cámara Boliviana de Turismo (Cabotur), al conocer la decisión. El dirigente habló de “desolación, sorpresa y frustración” y resumió el sentimiento del sector con una frase cargada de simbolismo: “Lamentablemente el turismo vuelve a ser la Cenicienta”.
La discusión no gira solamente alrededor del nombre de una institución. Lo que preocupa a los empresarios es qué ocurrirá con una agenda que, después de años de reclamaciones, comenzaba a adquirir forma. Ampuero enumera proyectos: un Plan Maestro de Turismo próximo a presentarse, la construcción de una Marca País, iniciativas para impulsar la gastronomía boliviana, una regulación para las plataformas de alojamiento temporal y avances hacia una nueva Ley de Turismo.
Ahora todo queda suspendido en una pregunta: ¿qué ocurrirá con esos proyectos cuando desaparezca el ministerio que los impulsaba?
“De lo poco que se ha avanzado tenemos un retroceso tremendo. Volvemos a foja cero”, sostiene Ampuero. El temor es que los planes terminen convertidos en documentos sin continuidad, “ideas e ilusiones que se acabaron”, en palabras del dirigente.
El Gobierno ofrece otra lectura. Paz ha decidido reducir su gabinete de 14 a 12 ministerios como parte de una reorganización que, según explica, no responde a una emergencia ni a una decisión improvisada. Es una ruta para transformar el Estado, reducir la burocracia y concentrar funciones. Bolivia llegó a tener 21 ministerios, recuerda el presidente; luego fueron 17, su Gobierno comenzó con 14 y ahora quedarán 12.
El Ministerio de Turismo desaparece y en su lugar nace una Agencia Nacional de Turismo, Folclore y Gastronomía. La idea oficial es que una estructura más pequeña pueda conectar con mayor facilidad al Estado y al sector privado y abrir la oferta boliviana a los mercados internacionales.
La paradoja está precisamente ahí. Paz quiere una Bolivia más abierta al mundo, con más inversiones, asociaciones y proyectos internacionales, mientras uno de los sectores llamados a vender al exterior la imagen del país pierde rango ministerial.
Para el Gobierno, el cambio de estructura no significa abandonar el turismo. Para Cabotur, sí puede terminar significándolo en la práctica.

“No sabemos qué va a hacer esa agencia, cuáles serán sus funciones, qué recursos va a tener ni qué personal será designado. Todo es incierto”, dice Ampuero. La incertidumbre, en este caso, no es una cuestión menor: una agencia sin competencias, presupuesto o estructura definidos puede significar meses de transición y, con ellos, proyectos detenidos.
El dirigente teme que el turismo vuelva a ocupar un lugar secundario frente a sectores con mayor capacidad de presión política. “Volverá a ser un sector abandonado, con muchas perspectivas y posibilidades, pero sin nada concreto para realizarlas”, afirma.
La protesta empresarial llega, además, de un sector que no suele ocupar las calles ni protagonizar bloqueos. Ampuero lamenta que precisamente esa ausencia de conflictividad termine jugando en contra de sus demandas. El turismo, dice, reclama políticas públicas sin recurrir a la confrontación, pero con frecuencia recibe menos atención.
La paradoja boliviana es que el país necesita precisamente aquello que el turismo puede ofrecer: diversificar su economía, atraer visitantes, generar empleo y conseguir divisas en un momento de dificultades económicas. Pero convertir ese potencial en ingresos exige continuidad, promoción, infraestructura y reglas estables, no solamente paisajes.
El verdadero examen llegará después. La nueva agencia tendrá que demostrar que perder un ministerio no significa perder capacidad de decisión. Y el Gobierno deberá demostrar que reducir el tamaño del Estado no equivale a reducir su compromiso con una industria que lleva años reclamando dejar de ser la Cenicienta.

