LA PAZ, 22 may (El Libre Observador) — La escasez de combustible en Bolivia se ha convertido en un fenómeno cotidiano y angustiante para miles de ciudadanos. Durante toda la semana, largas filas de vehículos se han extendido por cuadras en las principales ciudades del país, en una carrera agotadora por abastecerse de gasolina o diésel.
Mientras tanto, el Gobierno intenta explicar la crisis entre bloqueos, factores climáticos y conflictos sectoriales, pero sin ofrecer soluciones inmediatas.
Conductores de transporte público, comerciantes y ciudadanos particulares se ven obligados a trasnochar en las puertas de las estaciones de servicio, soportando las bajas temperaturas invernales, mientras esperan su turno para cargar los tanques. Las filas, en algunos casos, ocupan un carril entero de las vías urbanas, generando caos vehicular y tensión social.
“Desde el fin de semana estamos en esto. Nos turnamos para dormir en el auto y vigilamos por redes sociales dónde hay combustible”, relató un chofer en la ciudad de Santa Cruz, donde las estaciones del cuarto anillo y la avenida Centenario han colapsado por la demanda.
La situación se complica aún más por una protesta de los transportistas de cisternas, quienes exigen un aumento en la tarifa del flete. En respuesta, varios de ellos paralizaron operaciones, generando cuellos de botella en la cadena logística.

Según el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Armin Dorgathen, cuatro de las 23 empresas cisternas del sudeste del país estarían coaccionando al resto del sector para sumarse al paro, presuntamente por motivos políticos y económicos.
“No hay desabastecimiento estructural”, afirmó Dorgathen, quien responsabilizó a “marejadas” en el puerto chileno de Arica y a las acciones “arbitrarias” de transportistas por los retrasos en la distribución.
Sin embargo, reconoció que al menos cinco buques tanque —dos con gasolina, dos con diésel y uno con crudo— llevan más de 40 días sin poder descargar por condiciones adversas del mar.
“Necesitamos olas de menos de 2.5 metros para atracar los buques con seguridad. Ahora tenemos registros de 2,1 metros, y se prevé una ventana operativa recién entre el 28 y el 29 de mayo”, explicó Dorgathen.
Por su parte, Jhonny Chuquimia, gerente sectorial de Transporte en YPFB, detalló que seis buques esperan turno para descargar 149 millones de litros de hidrocarburos líquidos. Entre ellos, el Pacific Moonstone, el Sky Rider y el Mishell transportan gasolina, mientras que el Jin Hui y el Sino Source llevan diésel oil, y el Fourni, petróleo crudo.
A pesar del panorama, YPFB asegura que los volúmenes contratados de importación son suficientes para abastecer al país, y que se cuenta con un plan de distribución para evitar el desabastecimiento total. Pero en las calles, la paciencia se agota. Las filas crecen, el combustible escasea y los sectores sociales comienzan a organizarse, con una tensión que amenaza con desbordarse en un contexto ya marcado por conflictos internos en el Gobierno y un calendario electoral en el horizonte.


