LA PAZ, 26 mar (El Libre Observador) — Treinta y cinco años después de la firma del Tratado de Asunción, el aniversario del Mercosur encuentra a América del Sur en una encrucijada. Lejos del optimismo integrador de los años noventa, el bloque llega a esta fecha simbólica atravesado por tensiones internas, asimetrías económicas y un entorno internacional cada vez más incierto.
En ese escenario, Bolivia ha decidido reafirmar su apuesta por el proyecto regional, con un mensaje que mezcla conmemoración y posicionamiento estratégico.
“El Estado Plurinacional de Bolivia acompaña los esfuerzos (…) renovando su voluntad de contribuir a la consolidación de un Mercosur resiliente”, escribió el canciller Fernando Aramayo, en una declaración que, más que protocolar, parece responder a una pregunta de fondo ¿qué lugar ocupa la integración regional en un mundo que tiende a fragmentarse?
El mensaje no es casual. Bolivia se encuentra en un proceso de adhesión plena al bloque, una transición que la obliga a navegar entre expectativas económicas y realidades políticas.
En el discurso oficial, la Cancillería reivindicó el aniversario como un “hito histórico” que consolidó un espacio de “integración, cooperación y desarrollo”, pero también dejó entrever una ambición más amplia: formar parte de una región “con futuro compartido”.
Ese lenguaje, habitual en la diplomacia, adquiere otra dimensión en el contexto actual. La globalización que dio origen al Mercosur ya no es la misma. Las cadenas de suministro se reconfiguran, las tensiones comerciales se intensifican y los bloques regionales buscan redefinir su papel. En ese tablero, el Mercosur enfrenta el desafío de reinventarse o arriesgarse a la irrelevancia.
El Mercosur fue creado el 26 de marzo de 1991 mediante el Tratado de Asunción por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con el fin de fomentar la integración económica, el libre comercio y la circulación de bienes y personas.
Bolivia formó parte del bloque como Estado asociado desde 1998 y, en 2024, oficializó su adhesión como miembro pleno, que fue ratificada por los cuatro países titulares. Ahora se encuentra en un proceso de adecuación normativa.
Según información oficial, debe reconocer y adaptar cerca de 2.000 normas vigentes del Mercosur como nuevo socio del bloque regional.
Para Bolivia, país sin litoral marítimo y con una economía dependiente de sus exportaciones de materias primas, la integración regional no es solo una opción política, sino una necesidad estructural. La referencia a un Mercosur “resiliente” sugiere una lectura pragmática: la región como escudo ante la volatilidad externa.
La presidencia pro tempore, actualmente en manos de Paraguay, impulsa una agenda orientada a dinamizar el comercio y fortalecer la coordinación política, pero los avances siguen siendo desiguales. Las divergencias entre los Estados miembros, visibles en temas comerciales y de política exterior, continúan marcando el ritmo del bloque.
A 35 años de su creación, el Mercosur ya no es solo un proyecto económico: es también un espejo de las tensiones y aspiraciones de América del Sur. En ese reflejo, Bolivia busca afirmarse como parte de una narrativa que, pese a sus fisuras, insiste en la integración como horizonte posible.

