LA PAZ, 16 ene (El Libre Observador) — Bolivia recibió este viernes una señal moderadamente alentadora desde los mercados financieros internacionales. La agencia Fitch Ratings elevó la calificación de riesgo soberano del país de “CCC-” a “CCC”, al constatar una reducción del riesgo inmediato de impago de la deuda, en un contexto marcado por duras decisiones económicas y un clima social todavía tenso.
La mejora, aunque limitada y aún dentro de una categoría considerada de alto riesgo, refleja —según Fitch— la disminución de las restricciones políticas al financiamiento externo, los compromisos asumidos con organismos multilaterales y la eliminación de los subsidios a los combustibles, una de las medidas más sensibles adoptadas por el Gobierno del presidente Rodrigo Paz en sus primeros meses de gestión.
En su informe, la calificadora advierte que el nuevo escenario podría contribuir a reducir el déficit fiscal y facilitar una lenta recomposición de las reservas internacionales, severamente golpeadas en los últimos años. Sin embargo, subraya que los márgenes de liquidez externa siguen siendo muy estrechos y que la economía boliviana continúa expuesta a riesgos elevados.
El documento también menciona como factor clave el cambio político tras la victoria electoral de Paz y el inicio de un giro en la política económica, orientado a la consolidación fiscal. Aun así, Fitch mantiene un diagnóstico prudente: el panorama macroeconómico sigue siendo débil y las vulnerabilidades estructurales no han desaparecido.

Desde el Gobierno, la lectura fue claramente optimista. El ministro de Economía y Finanzas Públicas, José Gabriel Espinoza, sostuvo que la mejora confirma que Bolivia ha comenzado a salir de una situación crítica. “El país estaba prácticamente en terapia intensiva y empeoraba día tras día. Hoy ha dejado de empeorar”, afirmó, en una metáfora que resume la narrativa oficial de contención de la crisis.
Espinoza atribuyó el cambio en la calificación a las reformas impulsadas para enfrentar la escasez de combustibles, la inestabilidad de precios y las tensiones en el mercado cambiario, así como a un intento de recomponer la confianza de los inversores y de los organismos internacionales, deteriorada durante los últimos años.
No hace mucho, el panorama era más sombrío. En enero del año pasado, Fitch había rebajado la nota boliviana a “CCC-”, alertando sobre la ausencia de medidas correctivas y señalando una combinación de factores adversos: caída de reservas, déficit fiscal persistente, falta de divisas, problemas en el abastecimiento de combustibles y una creciente conflictividad social y política.
La mejora anunciada ahora no supone un regreso al terreno seguro ni un aval pleno a la economía boliviana. Más bien, marca un punto de inflexión modesto, una pausa en la degradación acelerada de los últimos años. El propio Gobierno admite que el camino por delante es largo y políticamente costoso.
Para Bolivia, la decisión de Fitch funciona como una señal frágil pero relevante: el país ya no se hunde, aunque todavía nada indica que esté a salvo de volver a hacerlo.

