LA PAZ, 11 nov (El Libre Observador) — Bolivia afianza su retorno al escenario de la cooperación multilateral. El presidente Rodrigo Paz sostuvo este martes una “reunión estratégica” con la vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Susana Cordeiro Guerra, con el objetivo de articular un nuevo marco de cooperación técnica y financiera orientado al desarrollo sostenible.
El encuentro, celebrado en La Paz junto al ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, abre una nueva etapa de acercamiento entre el país andino y el organismo financiero internacional.
“Avanzamos en una agenda de desarrollo sostenible con socios estratégicos para transformar el país”, escribió Paz en su cuenta oficial en X (antes Twitter), en un mensaje que sintetiza la nueva orientación diplomática de su Gobierno: construir confianza, atraer inversión y fortalecer la institucionalidad económica.
El diálogo con el Banco Mundial no es un hecho aislado, sino parte de una agenda diplomática activa que el presidente boliviano despliega desde su llegada al poder. En las últimas semanas, Paz se reunió también con los ministros de Relaciones Exteriores de Alemania y Japón, con quienes abordó temas de innovación tecnológica y cooperación energética.
Los encuentros apuntan a reposicionar a Bolivia como un socio confiable en el desarrollo sostenible regional, tras años de relaciones intermitentes con los organismos multilaterales.
Cordeiro Guerra, economista brasileña que asumió el cargo en septiembre y es la primera mujer latinoamericana en ocupar la vicepresidencia regional del Banco Mundial, gestiona una cartera de 41.500 millones de dólares en proyectos activos en 31 países. Bajo su liderazgo, la institución ha insistido en que la cooperación con América Latina debe enfocarse en la creación de empleos de calidad, la resiliencia climática y la reducción de la pobreza.

En el caso de Bolivia, las prioridades del nuevo entendimiento giran en torno a tres ejes principales: Infraestructura sostenible, con proyectos de modernización vial, energía limpia y desarrollo urbano inclusivo. Innovación productiva, orientada a diversificar la economía y fortalecer sectores como la agroindustria, la biotecnología y la manufactura de litio. Fortalecimiento institucional, con énfasis en la transparencia fiscal y la eficiencia de la gestión pública.
Durante la última década, el Banco Mundial ha mantenido una cooperación sostenida con Bolivia, aunque con menor visibilidad política que en los años 2000. Según sus reportes, la cartera activa supera los 1.500 millones de dólares, principalmente en proyectos de educación, agua potable, saneamiento y resiliencia climática. Entre los programas emblemáticos destacan la mejora de la red vial fundamental, la expansión de sistemas de riego en el altiplano y el fortalecimiento de los servicios municipales en zonas rurales.
El nuevo Gobierno de Paz busca ampliar ese portafolio hacia proyectos con mayor impacto estructural, especialmente en las regiones del oriente y del sur, donde la infraestructura básica y la conectividad siguen siendo desafíos.
También se plantea una alianza en materia de transición energética, con inversiones en energía solar, eólica y geotérmica, sectores donde Bolivia tiene potencial inexplorado.
Fuentes del Ministerio de Economía confirmaron que la reunión con Cordeiro Guerra sirvió para explorar la posibilidad de establecer un mecanismo de cooperación plurianual que combine financiamiento blando y asistencia técnica. “El objetivo es alinear los proyectos con la nueva visión de desarrollo sostenible del país y con los compromisos del Banco Mundial en materia climática”, señaló un alto funcionario.
La reactivación del vínculo con el organismo ocurre en un contexto económico complejo: Bolivia enfrenta presiones fiscales, baja de reservas internacionales y déficit comercial, pero también busca redefinir su modelo de crecimiento. En octubre, Paz viajó a Washington para gestionar un fondo de estabilización económica ante los principales organismos financieros internacionales. Su gestión ha sido interpretada como un gesto de apertura y pragmatismo económico, tras años de distancia diplomática con Estados Unidos y con los grandes bancos multilaterales.
Paz sostuvo que el acuerdo con el Banco Mundial será una “alianza estratégica de largo aliento”, orientada a consolidar la productividad nacional, mejorar el empleo y modernizar la gestión pública.
La nueva etapa de cooperación marca así un punto de inflexión en la política exterior boliviana: un retorno a los foros multilaterales, pero con una visión pragmática centrada en resultados medibles, sostenibilidad ambiental y gobernanza transparente. En palabras de un diplomático europeo en La Paz, “Bolivia está volviendo al mapa de la cooperación internacional, y lo está haciendo con un discurso de modernidad y responsabilidad global”.

