LA PAZ, 11 may (El Libre Observador) — La ciudad de La Paz volvió a amanecer sitiada. Las carreteras que conectan a la sede de Gobierno con el resto de Bolivia aparecieron cortadas por piedras, tierra y filas de campesinos envueltos en ponchos oscuros que desde hace días bloquean el tránsito en señal de protesta. En las terminales terrestres, cientos de pasajeros dormían sobre maletas improvisando refugios, mientras comerciantes recorrían mercados semivacíos buscando verduras que ya no llegan con normalidad desde las zonas rurales.
Bolivia inició este lunes otra semana de tensión social creciente, atrapada entre bloqueos de carreteras, marchas sindicales, suspensión de clases y una economía que empieza a resentir con mayor fuerza los efectos de la parálisis. La estatal Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) registró al menos 34 puntos de bloqueo distribuidos en seis departamentos del país, en una jornada que dejó nuevamente aisladas varias rutas estratégicas del altiplano y del eje troncal boliviano.
El conflicto se ha concentrado sobre todo en el occidente del país, donde la presión sobre La Paz aumenta día tras día. Los accesos hacia Copacabana, el paso fronterizo de Desaguadero con Perú y las conexiones hacia Chile quedaron interrumpidos por piquetes campesinos que exigen la anulación de la Ley 1720, una normativa que consideran una amenaza para la pequeña propiedad agrícola y el acceso comunitario a la tierra.
Pero detrás de la disputa legal emerge un malestar más profundo. En los bloqueos conviven reclamos por el deterioro económico, la inflación, la escasez de combustibles y el desgaste político del Gobierno del presidente Rodrigo Paz. Algunos grupos movilizados incluso piden su renuncia, en un país que vuelve a mostrar señales de agotamiento tras meses de tensión política y desaceleración económica.

En El Alto, la ciudad popular que domina desde las alturas el valle paceño, las protestas crecieron desde la madrugada. Nuevos bloqueos fueron instalados en avenidas y rutas que conectan con Río Abajo, una región agrícola clave para abastecer de verduras y flores a La Paz. La consecuencia comenzó a sentirse rápidamente en los mercados: puestos vacíos, precios duplicados y largas filas para conseguir productos básicos.
La escena recuerda a otros episodios de crisis boliviana donde las carreteras se convierten en el principal campo de batalla política. Camiones detenidos durante días, choferes cocinando al borde de las rutas y familias enteras atrapadas en terminales reflejan el impacto humano de una protesta que ya afecta el abastecimiento nacional y golpea al turismo internacional.
El Gobierno intenta contener la crisis apelando al diálogo. Durante el fin de semana habilitó incluso un puente aéreo para trasladar alimentos hacia La Paz, incluyendo unas 10 toneladas de carne de pollo, una medida extraordinaria que evidencia la magnitud de la interrupción logística. Sin embargo, los acuerdos alcanzados con algunos dirigentes campesinos se desmoronaron rápidamente cuando las bases desconocieron a sus representantes y decidieron continuar con los bloqueos.
La fractura entre líderes y movilizados muestra un fenómeno cada vez más frecuente en Bolivia: la pérdida de control de las estructuras sindicales tradicionales sobre sectores sociales radicalizados y profundamente desconfiados del poder político.
Al mismo tiempo, la protesta se extendió a otros sectores. El magisterio urbano cumplió este lunes un paro nacional de 24 horas que suspendió actividades escolares en distintas ciudades. Los maestros exigen incrementos salariales y mayor presupuesto educativo, mientras la Central Obrera Boliviana mantiene su convocatoria a un “paro indefinido movilizado” junto a mineros, fabriles y campesinos.
Las consecuencias ya cruzan las fronteras bolivianas. Autoridades de Perú reportaron que cerca de 300 ciudadanos peruanos, en su mayoría estudiantes, permanecen varados en distintos puntos del país debido a los cortes de carretera. También decenas de turistas extranjeros quedaron atrapados en rutas hacia el lago Titicaca y otros destinos andinos.
La Cámara Boliviana de Turismo advirtió que los bloqueos “estrangulan” la economía y destruyen la imagen internacional de Bolivia como destino seguro. El sector empresarial reclama una ley que limite este tipo de protestas, mientras desde el Gobierno se insiste en que la única salida posible es la negociación política.
Entretanto, en el centro de La Paz permanece un grupo de indígenas y campesinos que caminó durante días desde el amazónico departamento de Pando para sumarse a las movilizaciones. Sus carpas improvisadas, instaladas alrededor de plazas y edificios públicos, son otra postal de una ciudad que parece vivir en un estado de tensión permanente.
En Bolivia, los bloqueos no solo detienen vehículos. También revelan la profundidad de un descontento social que vuelve a emerger con fuerza en un país donde las carreteras suelen convertirse en el termómetro más preciso de la estabilidad política.

