LA PAZ, 1 jul (El Libre Observador) — Una intensa nevada en la cordillera andina obligó a las autoridades chilenas a cerrar el paso fronterizo de Chungará, dejando al menos 2.000 camiones bolivianos detenidos en plena ruta de exportación hacia el Pacífico, una situación que ha generado alarma por las consecuencias logísticas, económicas y humanitarias.
La medida fue anunciada por la Unidad de Pasos Fronterizos del Gobierno de Chile, que informó que el complejo fronterizo fue cerrado desde el mediodía del sábado 28 de junio debido a las condiciones climáticas extremas, incluyendo visibilidad nula y acumulación de nieve en la ruta que une el altiplano boliviano con la región chilena de Arica.
Para Bolivia, país sin salida soberana al mar, este paso fronterizo es vital para su comercio exterior. Más del 21% de las exportaciones nacionales —principalmente minerales, productos agroindustriales y carga en tránsito— se movilizan por esta vía, en virtud del Tratado de Paz y Amistad de 1904 que otorga libre tránsito a las mercancías bolivianas por puertos chilenos.
El dirigente del transporte pesado de Oruro, Jorge Gutiérrez, denunció que los transportistas se encuentran “en condiciones críticas, sin abrigo, sin atención médica y con recursos limitados”.
Aseguró que pese a una breve reapertura el viernes y sábado pasados, la ruta fue nuevamente clausurada, y los carabineros impiden el avance hacia la frontera por razones de seguridad.

“Esta situación nos afecta doblemente: primero, porque muchos camiones están atrapados en altura; y segundo, porque no podemos cumplir con los plazos de entrega en puerto, lo que se traduce en multas y deudas”, explicó Gutiérrez.
Las pérdidas económicas son considerables. Según datos del Ministerio de Economía de Bolivia, más de un millón de toneladas de mercancías salieron por este paso durante los dos primeros meses de 2024, y aunque hubo una caída del 19% respecto al mismo periodo del año anterior, el último cuatrimestre mostró un repunte del 38,4% gracias a la operación continua 24/7 de los servicios aduaneros.
Ese avance, sin embargo, ha quedado interrumpido por el factor climático. Gutiérrez advirtió que, de mantenerse el cierre total, la alternativa propuesta de operar solo en horario diurno agravará la congestión vehicular y podría generar nuevos cuellos de botella. “Ya vivimos esto en años anteriores. Se generan filas de varios kilómetros, y los transportistas deben dormir tres o cuatro noches en ruta para cruzar”, lamentó.
Además de la carga en tránsito, también está en riesgo el suministro de combustible para las unidades atrapadas en la zona. La situación ha encendido las alarmas en gremios logísticos que advierten sobre un posible efecto dominó en otras rutas internas y en el abastecimiento nacional de productos importados.
Los gremios del transporte boliviano han pedido la activación inmediata de un decreto que otorga 21 días hábiles de tolerancia en la entrega de contenedores ante situaciones excepcionales. Según denuncian, esta normativa “no se ha aplicado en la práctica”, pese a haber sido diseñada precisamente para eventos climáticos o políticos que afecten los flujos logísticos.

En medio de este escenario, los transportistas bolivianos han exigido una coordinación más activa entre los gobiernos de Bolivia y Chile, y una atención más ágil desde los consulados en la frontera. También piden soluciones estructurales a la dependencia logística del país respecto a puertos chilenos.
El cierre del paso Chungará–Tambo Quemado es un recordatorio de la vulnerabilidad geopolítica y estructural del comercio exterior boliviano, que no cuenta con rutas alternativas robustas hacia puertos del Perú, Brasil o Argentina, y cuyos márgenes operativos se ven reducidos por factores climáticos y restricciones fronterizas recurrentes.

