LA PAZ, 27 may (El Libre Observador) — Sobre una pequeña tarima improvisada en el Distrito 8 de El Alto, rodeada de banderas, parlantes y manifestantes que agitaban pancartas contra el Gobierno, la diputada argentina de izquierda Mercedes Trimarchi tomó el micrófono y lanzó un mensaje que cruzó rápidamente las fronteras bolivianas.
“Ustedes son nuestro faro”, dijo la dirigente de izquierda ante una multitud que respondió con aplausos y consignas contra el presidente Rodrigo Paz. “Han logrado en seis meses poner en jaque a un gobierno derechista”, añadió, en una intervención que terminó por insertar la crisis boliviana dentro de una narrativa regional más amplia de confrontación política y movilización social.
La presencia de una legisladora extranjera en una protesta que exige acortar el mandato presidencial elevó la tensión en un país que atraviesa una de sus etapas más convulsas de los últimos años. Durante casi un mes, bloqueos de carreteras, marchas y enfrentamientos han paralizado buena parte del occidente boliviano y golpeado el abastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos en La Paz y El Alto.
Trimarchi, integrante de Izquierda Socialista y del Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad, afirmó haber llegado a Bolivia invitada por la Unidad Internacional de Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), una organización trotskista con presencia en distintos países latinoamericanos.
En videos difundidos por la propia legisladora en redes sociales, se la observa participando en marchas y respaldando a grupos movilizados que exigen la salida de Paz. En otra grabación, cuestionó el operativo de desbloqueo realizado el 23 de mayo por fuerzas de seguridad bolivianas en la autopista que conecta Oruro con La Paz, una intervención que el Gobierno defendió como un “corredor humanitario” para permitir el ingreso de alimentos, combustibles y medicinas.
“Con camiones, armas largas y gases reprimieron un bloqueo”, denunció Trimarchi ante manifestantes alteños, asegurando además que el operativo dejó víctimas fatales, una afirmación que incrementó el tono de confrontación política en torno a las protestas.

El Ejecutivo boliviano sostiene una versión distinta. Según autoridades gubernamentales, el despliegue buscaba evitar el colapso del abastecimiento en las principales ciudades del altiplano después de semanas de rutas cerradas y ataques a infraestructura estatal. Durante esa jornada, grupos movilizados incendiaron estaciones de peaje y dependencias de la Aduana Nacional.
La aparición de figuras extranjeras en las protestas comenzó a alimentar nuevas sospechas dentro del oficialismo. El politólogo boliviano Iván Rada interpretó la visita de Trimarchi como evidencia de vínculos entre sectores movilizados y organizaciones políticas internacionales de izquierda radical.
“Esto confirma nexos con facciones socialistas y comunistas que buscan influir en la narrativa de las protestas”, afirmó.
Las declaraciones coinciden con advertencias previas del canciller boliviano Fernando Aramayo, quien insinuó que las movilizaciones podrían contar con financiamiento externo orientado a desestabilizar al Gobierno. “Esto no se financia solamente con recursos propios”, sostuvo días atrás.
Mientras tanto, las protestas continúan ampliando su impacto. Según datos oficiales, decenas de bloqueos permanecen activos en distintas regiones del país y el conflicto ha comenzado a afectar seriamente la actividad económica, el transporte y la provisión de bienes básicos.
En las calles de El Alto, sin embargo, la discusión parece haber superado hace tiempo las demandas sectoriales iniciales. Lo que comenzó como una protesta por combustibles y salarios mutó en un pulso político de mayor escala que exige la renuncia del presidente Paz y donde discursos internacionales, símbolos ideológicos y acusaciones de injerencia extranjera empiezan a mezclarse con la creciente fragilidad de un Gobierno que enfrenta la crisis más severa de sus primeros meses de gestión.

